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| Crédito: Universal Pictures (2026) |
“Sin mito toda cultura pierde su fuerza creadora
natural”.
(Friedrich Nietzsche)
Christopher Nolan hizo una gran película.
Conviene comenzar por ahí para evitar el falso dilema que suele dominar las redes sociales: o se ama una película o se la destruye. La Odisea merece bastante más que ese simplismo. Su fotografía es extraordinaria, la puesta en escena resulta monumental, la música acompaña con inteligencia cada momento del relato y Matt Damon compone un Odiseo profundamente humano. Como cine, funciona. Como espectáculo, también.
Pero cuando uno abandona la sala aparece una pregunta mucho más interesante.
¿Acabamos de ver La Odisea de Homero? Mi respuesta es no. Y no porque Nolan haya cambiado escenas, condensado episodios o eliminado personajes. Toda adaptación interpreta. Lo verdaderamente interesante es qué decidió interpretar. Nolan no adapta simplemente a Homero. Lo traduce al imaginario antropológico del siglo XXI.
Christopher Nolan no filmó La Odisea de Homero. Filmó la imposibilidad contemporánea de creer en Homero.
El Olimpo ha desaparecido
Como lector de Homero y estudioso de las antiguas sociedades mediterráneas, hubo una ausencia que comenzó a incomodarme desde los primeros minutos. Los dioses. En el poema homérico, la historia ni siquiera comienza con Odiseo. Comienza en el Olimpo. Zeus delibera. Atenea intercede. Poseidón obstaculiza. Antes de que el héroe vuelva a aparecer, el destino ya está siendo discutido entre los inmortales. Nada de eso ocupa un lugar central en la película.
La Atenea de Nolan apenas sobrevive como un personaje terciario, casi desprovisto de influencia sobre la historia. El Olimpo deja de gobernar el destino humano para convertirse en un decorado cultural. Y allí comienza la verdadera transformación. Porque Nolan no elimina únicamente a los dioses. Elimina una forma de comprender el mundo.
Nolan vuelve a hacer lo mismo
No es la primera vez que Christopher Nolan realiza esta operación. Ya lo había hecho con Bruce Wayne. Su trilogía de Batman convirtió al superhéroe en un hombre atravesado por dilemas políticos, psicológicos y morales. Lo fantástico quedó reducido al mínimo. El mito se volvió realista.
Con Odiseo ocurre exactamente lo mismo.
El héroe homérico deja de existir dentro de un κόσμος (kósmos) donde los dioses intervienen constantemente para convertirse en un individuo enfrentado únicamente a las consecuencias de sus propias decisiones.
Richard Brody observó en The New Yorker que Nolan sustituye buena parte del carácter maravilloso del poema por un drama profundamente psicológico. Creo que su diagnóstico es correcto, aunque agregaría algo más: el problema no consiste solamente en reemplazar la fantasía por la psicología. El problema consiste en reemplazar una antropología por otra.
El héroe moderno
Odiseo nunca fue un héroe moral. Fue un héroe inteligente. Los griegos llamaban μῆτις (mêtis) a esa forma de inteligencia hecha de astucia, cálculo, engaño e improvisación.
Uno de los momentos más brillantes del poema ocurre cuando Polifemo pregunta el nombre de quien acaba de llegar a su cueva. “Nadie”, responde Odiseo. Horas más tarde, cuando el cíclope grita desesperado “¡Nadie me ha atacado!”, sus compañeros deciden no ayudarlo. No vence la fuerza. Vence el lenguaje. La inteligencia derrota a la violencia.
La película conserva ese episodio de cegamiento al cíclope, pero también suaviza otra característica esencial del personaje: su orgullo, su ira, incluso cierta insolencia que atraviesa toda la obra homérica.
El Odiseo de Nolan resulta mucho más correcto. Más contemporáneo. Más reconocible para nosotros. Y, precisamente por eso, bastante menos homérico.
Lo que también desaparece
Las omisiones no terminan allí.
El descenso al Hades prácticamente desaparece.
Buena parte del viaje iniciático de Telémaco queda reducido. Las múltiples escalas que transformaban el regreso en una verdadera experiencia de formación son simplificadas. Sin embargo, existe una pérdida que me parece todavía más significativa. La ξενία (xenía). La hospitalidad no era una simple cortesía entre los griegos. Constituía una institución sagrada protegida por Zeus Xenios. Recibir a un extranjero significaba respetar un orden moral que diferenciaba la civilización de la barbarie.
En la película, toda esa compleja arquitectura cultural queda reducida a una expresión: “la ley de Zeus”.
Mary Beard lamentó en The Times varias de estas simplificaciones, además de señalar la desaparición del humor, de las ambigüedades del poema y de buena parte de la riqueza de sus personajes femeninos. Coincido con esa lectura, aunque creo que el problema resulta todavía más profundo. No estamos perdiendo solamente detalles narrativos. Estamos perdiendo una cosmovisión.
Bradshaw y el optimismo moderno
Peter Bradshaw escribió en The Guardian que Nolan hace justicia al espíritu de Homero al convertir La Odisea en una experiencia profundamente humana. Probablemente tenga razón... Si el objetivo consiste en acercar Homero al espectador contemporáneo.
Pero precisamente allí aparece mi desacuerdo. ¿Debe una adaptación acercar un clásico a nuestra sensibilidad? ¿O debería exigirnos el esfuerzo de ingresar en una sensibilidad radicalmente distinta de la nuestra?
Cada vez que actualizamos un clásico para hacerlo reconocible corremos el riesgo de perder aquello que justamente lo convirtió en un clásico.
Homero no escribió para individuos modernos. Escribió para una civilización donde los dioses constituían una experiencia cotidiana del mundo. Transformar ese universo en un drama psicológico puede hacerlo más accesible. También puede volverlo menos Homero.
Hay, además, una ironía difícil de ignorar. Nolan parece asumir que el espectador del siglo XXI ya no puede creer en Atenea descendiendo sobre un campo de batalla. Curiosamente, esa misma sociedad consulta el horóscopo antes de salir de casa, teme a Mercurio retrógrado, compra piedras para “alinear energías” y cree que basta con “manifestar” un deseo para modificar la realidad. Quizá Zeus no desapareció. Simplemente cambió de community manager.
Nietzsche ya había visto este problema
Mientras veía la película recordé una vieja advertencia de Friedrich Nietzsche. En El nacimiento de la tragedia sostiene que el mito no constituye un simple relato fantástico. Es la condición que permite a una cultura comprender el mundo. Cuando el mito desaparece, no sólo cambian las historias. Cambia la manera en que los seres humanos se comprenden a sí mismos.
Creo que Nolan confirma, quizá sin proponérselo, esa intuición. Su Odisea racionaliza el poema. Donde Homero invocaba a Atenea, Nolan introduce la psicología. Donde aparecía Poseidón, aparece el trauma. Donde el Olimpo gobernaba el destino, ahora gobierna el individuo. No estamos simplemente frente a una adaptación cinematográfica. Estamos asistiendo a la secularización de uno de los grandes mitos de Occidente.
¿Qué revela esta película sobre nosotros?
Toda época reescribe sus mitos. Ésa es la grandeza de los clásicos. Pero también su riesgo.
La pregunta ya no consiste en saber si Nolan fue fiel o infiel a Homero. La verdadera pregunta es otra. ¿Qué revela el Homero de Nolan sobre nosotros?
Creo que revela una civilización que ya no sabe pensar fuera del individuo. Una cultura que desconfía del misterio. Que necesita explicar psicológicamente aquello que durante siglos fue pensado mediante el mito.
Hans Blumenberg escribió que el mito no existe para responder preguntas, sino para hacer soportable el mundo.
Quizá por eso salí del cine con una sensación contradictoria.
Había visto una extraordinaria película de Christopher Nolan. Pero no había vuelto a encontrarme con Homero.
Imagino al viejo poeta caminando todavía por las praderas del Hades. No creo que espere a Nolan para reprocharle su falta de fidelidad. Sospecho que simplemente le preguntaría:
-¿Por qué expulsaste del poema precisamente a quienes movían sus hilos desde el primer verso?
La respuesta, probablemente, no hablaría de Homero. Hablaría de nosotros. Porque la grandeza de La Odisea nunca consistió en hacer creíbles a los dioses. Consistió en recordarnos que el ser humano sólo comienza a comprenderse cuando acepta que no todo depende de él.
Bibliografía
Beard, M. (2026). Mary Beard on The Odyssey. The Times. https://www.thetimes.com/culture/film/article/mary-beard-the-odyssey-sg3hhq087
Blumenberg, H. (2003). Trabajo sobre el mito. Paidós.
Bradshaw, P. (2026). The Odyssey review. The Guardian. https://www.theguardian.com/film/2026/jul/15/the-odyssey-review-christopher-nolan-matt-damon
Brody, R. (2026). Our Critics Review "The Odyssey". The New Yorker. https://www.newyorker.com/newsletter/the-daily/our-critics-review-the-odyssey
Homero. Odisea. (Edición de Gredos).
Nietzsche, F. (2000). El nacimiento de la tragedia. Alianza.

